“Viniando” un rato

by Roberto Oreamuno 16. June 2010 05:20

Como decía el poeta, “allá en mis años mozos”, -y ha caído mucha nieve y ha llovido mucho de ese tiempo hasta hoy-,  en mi querido y añorado terruño, había una vieja en el barrio, Doña Etelvina, a quien sus vecinas y amigas, tal vez porque el nombre se les hacía un poco largo, o por cariño, cosa que dudo – y más bien creo que por temor, y ya verán por qué-, la llamaban “Doña Vina”.

Y es que la famosa “Doña Vina era temible; sabía la vida y milagros de Raymundo y todo el mundo; de Villegas y todo el que llega… Se salía “a barrer la acera” y ese era el pretexto para empezar la comidilla del día con las vecinas;

-Hola, doña fulana, ¿qué va a cocinar hoy?, ¿a qué hora va a ir al Mercado para que me avise, qué tiene que comprar hoy? Y luego seguía la comida del barrio; "Supo que a fulanita la dejó el marido?, dicen que anda de pata de perro con la hija de sutanita, y parece que la muchacha está interesante, si se entera el padre quizás la bote de la casa… Y pobrecita Doña Berta, la señora de la casa azul en la otra cuadra, pero ¡que tres hijas mas flojas de cadera le han salido!, parecen pilas de agua bendita, todos los hombres les meten mano… ¿Y ya vió quién se mudó a la casa verde que estaba desocupada? Dicen que es una familia que acostumbra a irse sin pagar la renta… Ojalá que al dueño no lo engañen con la plata porque yo, en cuanto lo vea, le voy a decir que se ponga listo… Vió, el marido de Elenita, siempre llega borracho a la casa… ¡Pobre mujer, tener que aguantar esa cruz"!!!

Y así era Doña Vina, hablaba de todo el mundo y conocía a todo el barrio, al extremo que –igual que pasó con Cantinflas, cuyo nombre se convirtió en verbo, “cantinflear” que quiere decir hablar mucho y no decir nada, el nombre de Doña Vina también se convirtió en verbo;”viniar”, que quiere decir, hablar de todo el mundo, meterse en lo que no le importa o averiguar cómo viven los demás y criticar, criticar y siempre criticar, no importa a quien ni importa cómo, la cuestión era hablar de alguien, y entre más lastimara el honor de esa persona, mejor era el chisme, es decir, mejor era el “vinazo”. Caer en la lengua de Doña Vina era peor que caer dentro de la paila de aceite hirviendo, donde cocina las carnitas Don Alfredo…

Por eso, cuando alguien trataba de criticar a otro, enseguida le decían: “¡ya vas a empezar a viniar!!!”.

Y doña Vina conocía de cuál pie cojeaba cada quien, conocía a todo el mundo, pero nunca llegó a conocer a Dios.

Ahora que en Nueva Vida estamos estudiando el Libro de Santiago, cuando leíamos  el Capítulo 4, versículos 11 y 12, que cominza “hermanos, no hablen mal unos de otros”… me vino a la mente Doña Vina y quise compartir con ustedes este Blog,  pero no crean, también me puse el saco y me quedó a la medida, porque a mi, muy seguido, de vez en siempre, también me gusta “viniar”, aunque mi excusa es decir que “yo no soy “don vino”, es decir, chismoso, sino que soy comunicativo.

Y es que veo que también entre nuestros hermanos, hay muchos don “Vinos y doñas Vinas” que nos fijamos en todo; cómo llegó vestida fulanita, muy provocativa; si sutanita faltó al servicio del domingo pasado y por qué; si Don Mengano no da el diezmo y si fulana, cuando baila en la Alabanza se mueve más que un diente flojo, etc. etc. Es decir, formamos parte de ese grupo de “vinos y vinas”

Y es que es lindo “viniar”, pero… ¡Qué peligrosa es la lengua!!!

(Por eso, lo mejor es no comerla ni en carnitas…)