Sucedió hace muchos años.
Yo tenía un compañero de escuela, Reinaldo, y juntos estivimos de
primero a sexto grado; hacíamos la tarea juntos; mi mamá, que era
maestra, nos ayudaba a ambos y entonces nos quedaba más tiempo para
jugar e incluso para nuestras travesuras, como escaparnos a la poza del
río cercano a bañarnos, ir a robar guayabas, naranjas o limones dulces
a la finca de los Salazar, cuando regresábamos de nadar, o simplemente
salíamos a cazar mariposas monarcas. Así, siempre estábamos juntos y
llegamos a ser los mejores amigos del mundo.
En ese entonces, el país sufrió un golpe de estado y mi padre,
por ser partidario de régimen depuesto, perdió el empleo, fue preso
político varias veces y durante mucho tiempo no pudo hallar otro
trabajo, pues antes que el nombre, preguntaban la afiliación política,
y si pertenecía al gobierno depuesto, en la propia cara del solicitante
rompían la solicitud de empleo.
A mi madre, gracias a su excelente récord como educadora, no
la destituyeron, pero la trasladaron a trabajar a una escuela rural con
un sueldo mucho más bajo y así, con alfombra roja, entró la pobreza a
mi casa.
Al padre de mi amigo, en cambio, le llovían los contratos de
trabajos para hacer rótulos luminosos, negocio que floreció en esa
época. Don Reinaldo ni siquiera salía de su casa a buscar clientes, lo
llamaban por teléfono para darle trabajos. Así, mi amigo tuvo
motocicleta mientras yo no llegaba ni a patines. El se rodeó de otras
amistades de dinero, también con motos, y todas las noches salían en
grupo a buscar muchachas para conquistarlas y enamorarlas. Yo entonces
casi no veía a mi amigo, pues hasta tuve que estudiar en otra
secundaria ubicada como a unas 10 millas de mi casa ya que las
condiciones económicas de mis padres no alcanzaban para pagar un
colegio "más cercano".
Una mañana hubo conmoción en el barrio. la noticia corrió de
boca en boca. Reinaldo, mi amigo, se había suicidado de un balazo en la
sien. Inmediatamente fui a su casa, donde sus padres me estimaban. Al
entrar, Don Reinaldo me abrazó y sollozando me dijo: "Si no le hubiera
comprado esa moto", si hubiera vigilado más sus amistades, si no
hubiera guardado yo esa pistola en la casa, pero habemos muchos padres
que ceemos que con darle todo lo que nos piden los hijos, cumplimos con
ellos
Luego me enteré. En sus andanzas de conquistador, Reinaldo
había embarazado a cuatro muchachas, y los padres de ellas, puestos de
acuerdo y como en desfile, fueron a exigirle responsabilidades a su
casa de él.
Cuando Reinaldo los vio llegar, lo primero que hizo fue correr
a la habitación de sus padres para buscar la pistola con la que se
suicidó. La más cobarde y baja de las soluciones fue la que escogió mi
amigo Reinaldo. Desde luego, en ese momento ni siquiera pensó en Dios,
un Dios que no existía en su casa donde todo era amor al dinero, a las
cosas materiales, pero nunca elevaban una plegaria de gratitud a
nuestro Creador.
Sin embargo, ante el cadáver de Reinaldo, sí clamaban a Dios
preguntándole ¿por qué había permitido que sucediera lo ocurrido, por
qué ese castigo?
Más tarde, en el colegio, cuado el profesor de gramática nos
enseñó a conjugar el verbo "haber", hizo énfasis en que la conjugación
de la forma "hubiera" es una forma imperfecta, e igual que la forma
"habemos", o "haiga" no existe. Inmediatamente me vino a la mente las
frases del papá de mi amigo que me decía: "habemos muchos padres que
creemos que con darle todos los gustos a los hijos, ya cumplimos como
padres, y si yo no le hubira comprado la moto, si no hubiera traído la
pisto;la a mi casa, si hubiera vigilado mejor sus amistades, y yo
pensabe, si en vez de reclamarle a Dios por qué permitió la muerte de
Reinaldo, me hubiera dicho aunque la forma no exista: "si yo hubiera
creído en Dios, o si en esta casa habemos creído en Dios...